Blog

Día Internacional contra la homofobia, transfobia y bifobia – 17 de Mayo de 2020 –

Celebrado por primera vez en 2005, y a la que se unió la transfobia en 2009, y la bifobia en 2015

Hoy se celebra el Día Internacional contra la homofobia, transfobia  y la bifobia, haciendo honor al 17 de mayo de 1990, día en el que la OMS (Organización Mundial de la Salud) retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Aunque lo hizo mucho más tarde que la Asociación Americana de Psiquiatría, que la eliminó del Manual de Diagnóstico de Trastornos mentales en 1973.

Hoy, como todos los 17 de mayo, denunciamos la discriminación, violencia y represión contra las personas homosexuales, transexuales y bisexuales, así como exigimos acciones que promuevan sus derechos civiles.

Cuando yo nací, en la década de los 70, en España existía la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que sustituía a la de Vagos y maleantes, por la que perseguían a los  homosexuales.  Te encarcelaban  y desterraban si tenías contacto con otras personas de tu mismo sexo o si  ibas a algún local frecuentado por gays. Las lesbianas estaban invisibilizadas (denominante común cuando viene a tratarse de la Mujer, ¿No te parece?), así que apenas les afectó. Eso sí, sufrieron al igual que ellos el estigma social y familiar del rechazo, y el internamiento en centros psiquiátricos.

A nivel internacional a principios de ese mismo siglo XX, la teoría del neurólogo y psiquiatra Sigmund Freud de que un hombre homosexual es un enfermo que se identifica con el sexo femenino y suele ser educado por madres frías y exigentes, había dejado un gran calado, así como un gran sentimiento de culpabilidad en las madres de éstos, que se sentían totalmente responsables por la enfermedad de sus hijos.

Pero ¿Ser homosexual, lesbiana o bisexual ha sido siempre una enfermedad mental o una deformidad?

La orientación hacia personas del mismo sexo, o de ambos indiferentemente, ha existido desde siempre. Igual que ha existido la orientación hacia personas del sexo contrario.

Digamos de forma general que en algunos lugares de la época antigua la homosexualidad era considerada un lujo del hombre casado. En Grecia estaba mejor vista en ambientes aristocráticos y militares, y en Roma se aceptaba. Julio César nunca ocultó su bisexualidad. Y durante el reinado de Augusto (del 27 al 19 A.C.) tuvieron lugar los primeros matrimonios entre dos hombres, eso sí; sin referencia legal, ya que el matrimonio se regía por un contrato privado. A diferencia de Grecia, aquí en Roma no había lugar para las personas mujeres lesbianas.

En el 390 se condena por primera vez a muerte todas las prácticas homosexuales, por orden del emperador Teodosio I. La sociedad se fue volviendo teocéntrica y creció la intolerancia hacia este colectivo, incluso llegando a ser perseguidos como herejes, junto a las brujas y cátaros. En España se despenaliza  en 1822 al desaparecer el delito de sodomía del nuevo Código penal. En 1930 se produjo la primera “reasignación de sexo” en Alemania y en 1941 se utiliza la palabra transexualidad separada del concepto de homosexualidad y bisexualidad.

Y en las décadas de los 30 y 40, mientras algunos países como Suiza, Islandia, Suecia, Portugal y Filipinas despenalizan la homosexualidad, otros como España con Franco, Alemania con Hitler o Italia con Mussolini la  vuelven a penalizar.

Y aquí tendríamos que volver al principio del artículo. ¿No os ha parecido un libro con una estrepidante trama y con muchos giros insospechados?

Con estas breves pinceladas a lo largo de nuestra oscilante historia (la historia al respecto da para muchas más fechas y situaciones) quiero desviar el foco de atención de la persona que tiene algún tipo de identidad u orientación sexual que no coincide con la de la mayoría de la población; es decir, persona a la que le gustan personas del sexo contrario, y que además se identifican con su sexo femenino o masculino.

Estoy convencida de que el foco deberíamos ponerlo en la sociedad en la que éstas viven,  ya que en función de su época, lugar y momento se les admite, se les respeta como a uno más o persigue y hasta mata.  Debería estudiarse qué tipo de sociedades promueven una y otra cosa, y por qué late tan fuerte en algunas de ellas ese miedo a lo diferente y desconocido y esa necesidad de sentirnos superiores ante esos distintos, a costa de lo que sea.  Así que este problema, como algunos lo llaman,  me parece un problema de la sociedad. Pero claro, eso es muy difícil de asumir y tratar ¿No?

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s