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¿QUE HA SALIDO DEL ARMARIO?

REVUELO PORQUE PABLO ALBORÁN HA SALIDO DEL ARMARIO

¿QUE HA SALIDO DE DÓNDE? ¿DEL ARMARIO? ¿Y POR QUÉ TIENE QUE JUSTIFICARSE?

En la “época en la estamos” me sigue sorprendiendo descubrir que una de las noticias más comentadas desde ayer es que Pablo Alborán, cantautor y músico malagueño, HA SALIDO DEL ARMARIO  ¿Qué ha salido de dónde? ¿Y por qué tiene que justificarse contándolo?

Existen dudas acerca del origen de la  expresión “Salir de” (Coming Out), situando su primera aparición en 1867, cuando Karl-Heinrich Ulrichs, pionero del movimiento LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) se convirtió en el primer homosexual en declararlo públicamente en un discurso ante el Congreso de Juristas alemanes, y en el que solicitaba la eliminación de las leyes existentes en contra de éstos.

La segunda teoría habla de un uso más positivo del término, referido a la presentación oficial que se hacía en las décadas de los 40 a 60 de los hombres gays en bailes de Drag Queens de EEUU, en manifestaciones colectivas… “a imagen y semejanza de los grandes bailes de máscaras que se organizaban en Nueva York, Chicago, Nueva Orleans o Baltimore en el periodo de preguerra”, tal como describió el profesor de Historia de la Universidad de Yale, George Chauncey, en su obra “Gay New York: Gender, Urban, Culture and the Making of the Gay Male Word”.  E incluso análogo a la presentación social que se hacía de las mujeres en los bailes de clase media y alta.

Sea como sea, la parte “del armario” se ha añadido después y encierra en sí, además de al hombre o a la mujer cuyas orientaciones sexuales no coinciden con las de la mayoría de la población, un sentimiento de no aceptación, miedo y vergüenza.

Pensemos un momento: ¿De verdad tenemos que ir justificando ante todos el tipo de persona que me gusta? ¿Sientes la necesidad de justificar que los prefieres morenos, o necesitas decir en voz alta ante todos tus amigos, familia y compañeros de trabajo que te atraen los que tienen ojos azules y piel pálida?

En algunos de los talleres que imparto con adolescentes y monitores de actividades de tiempo libre educativo les paso una encuesta tipo test con preguntas tipo:

¿Cuándo descubriste tu heterosexualidad?

¿Te costó mucho aceptar tu heterosexualidad?

¿Piensas contárselo a tus familiares y educadores? ¿Y a tus amigos?

Quizás te estén sonando extrañas  las preguntas que estás leyendo, sobretodo si tú también eres heterosexual.  Y es que no hay nada como ponerse en el lugar de la otra persona (en este caso de los que tienen, sí, tienen, que salir del armario y declararse homosexual, bisexual… ante todo su entorno) para que algo en nuestro cerebro se rompa, y pueda volver a construirse desde otra perspectiva.

También ayuda que las familias no pongamos las expectativas sobre  nuestros hijos e hijas en que sean personas heterosexuales. Volquémonos mejor en demostrarles nuestro afecto y apoyo en todo momento, guiarles durante su crecimiento, pero sin imponer una única forma de ser, querer y actuar.

Hemos ido dando pasos y hemos conseguido que la mayoría de la sociedad nos coloquemos ante una declaración de este tipo con otra mirada de normalidad y respeto. Pero tenemos que seguir andando hasta el día en que a las personas que se encuentran en esta situación no les suponga tanto esfuerzo aceptarse y atreverse a descubrirse ante sí mismas  y el resto como individuo con orientación de deseo diferente a la de la mayoría.

Y hasta el día en que no se sientan obligadas a salir justificándose de ningún armario ni mueble similar. Porque eso querrá decir que NO HABRÁN TENIDO QUE ENTRAR EN ÉL.

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Día Internacional contra la homofobia, transfobia y bifobia – 17 de Mayo de 2020 –

Celebrado por primera vez en 2005, y a la que se unió la transfobia en 2009, y la bifobia en 2015

Hoy se celebra el Día Internacional contra la homofobia, transfobia  y la bifobia, haciendo honor al 17 de mayo de 1990, día en el que la OMS (Organización Mundial de la Salud) retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Aunque lo hizo mucho más tarde que la Asociación Americana de Psiquiatría, que la eliminó del Manual de Diagnóstico de Trastornos mentales en 1973.

Hoy, como todos los 17 de mayo, denunciamos la discriminación, violencia y represión contra las personas homosexuales, transexuales y bisexuales, así como exigimos acciones que promuevan sus derechos civiles.

Cuando yo nací, en la década de los 70, en España existía la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que sustituía a la de Vagos y maleantes, por la que perseguían a los  homosexuales.  Te encarcelaban  y desterraban si tenías contacto con otras personas de tu mismo sexo o si  ibas a algún local frecuentado por gays. Las lesbianas estaban invisibilizadas (denominante común cuando viene a tratarse de la Mujer, ¿No te parece?), así que apenas les afectó. Eso sí, sufrieron al igual que ellos el estigma social y familiar del rechazo, y el internamiento en centros psiquiátricos.

A nivel internacional a principios de ese mismo siglo XX, la teoría del neurólogo y psiquiatra Sigmund Freud de que un hombre homosexual es un enfermo que se identifica con el sexo femenino y suele ser educado por madres frías y exigentes, había dejado un gran calado, así como un gran sentimiento de culpabilidad en las madres de éstos, que se sentían totalmente responsables por la enfermedad de sus hijos.

Pero ¿Ser homosexual, lesbiana o bisexual ha sido siempre una enfermedad mental o una deformidad?

La orientación hacia personas del mismo sexo, o de ambos indiferentemente, ha existido desde siempre. Igual que ha existido la orientación hacia personas del sexo contrario.

Digamos de forma general que en algunos lugares de la época antigua la homosexualidad era considerada un lujo del hombre casado. En Grecia estaba mejor vista en ambientes aristocráticos y militares, y en Roma se aceptaba. Julio César nunca ocultó su bisexualidad. Y durante el reinado de Augusto (del 27 al 19 A.C.) tuvieron lugar los primeros matrimonios entre dos hombres, eso sí; sin referencia legal, ya que el matrimonio se regía por un contrato privado. A diferencia de Grecia, aquí en Roma no había lugar para las personas mujeres lesbianas.

En el 390 se condena por primera vez a muerte todas las prácticas homosexuales, por orden del emperador Teodosio I. La sociedad se fue volviendo teocéntrica y creció la intolerancia hacia este colectivo, incluso llegando a ser perseguidos como herejes, junto a las brujas y cátaros. En España se despenaliza  en 1822 al desaparecer el delito de sodomía del nuevo Código penal. En 1930 se produjo la primera “reasignación de sexo” en Alemania y en 1941 se utiliza la palabra transexualidad separada del concepto de homosexualidad y bisexualidad.

Y en las décadas de los 30 y 40, mientras algunos países como Suiza, Islandia, Suecia, Portugal y Filipinas despenalizan la homosexualidad, otros como España con Franco, Alemania con Hitler o Italia con Mussolini la  vuelven a penalizar.

Y aquí tendríamos que volver al principio del artículo. ¿No os ha parecido un libro con una estrepidante trama y con muchos giros insospechados?

Con estas breves pinceladas a lo largo de nuestra oscilante historia (la historia al respecto da para muchas más fechas y situaciones) quiero desviar el foco de atención de la persona que tiene algún tipo de identidad u orientación sexual que no coincide con la de la mayoría de la población; es decir, persona a la que le gustan personas del sexo contrario, y que además se identifican con su sexo femenino o masculino.

Estoy convencida de que el foco deberíamos ponerlo en la sociedad en la que éstas viven,  ya que en función de su época, lugar y momento se les admite, se les respeta como a uno más o persigue y hasta mata.  Debería estudiarse qué tipo de sociedades promueven una y otra cosa, y por qué late tan fuerte en algunas de ellas ese miedo a lo diferente y desconocido y esa necesidad de sentirnos superiores ante esos distintos, a costa de lo que sea.  Así que este problema, como algunos lo llaman,  me parece un problema de la sociedad. Pero claro, eso es muy difícil de asumir y tratar ¿No?