Blog

¿CÓMO SE LO CUENTO?

A veces lo  esencial, es lo más difícil de decir…  Podemos extrapolar esta afirmación al caso de la sexualidad. Estaréis de acuerdo conmigo en que es una faceta vital que forma parte de nosotros definiéndonos desde antes de nacer hasta que morimos, y que no puede haber un YO sin cuerpo, sin identidad y deseo, sin caricias, besos o hermetismo, sin atracción, relaciones con terceros o conmigo misma, miedos y decepciones.

Sin embargo, qué difícil resulta hablarles a nuestros hijos e hijas, alumnado,… de cómo se hacen los bebés y por donde salen, de cómo familias con dos papás pueden tener un bebé, de masturbación y menstruación, relaciones sexuales y un largo etcétera.      

Los nervios y deseo de huir ante estas preguntas comprometidas tienen su razón de ser en la educación sexual que hemos tenido cuando éramos niños y adolescentes. La mayoría de nuestros progenitores no sabían cómo abordar este tema, porque nada les habían explicado, y seguramente los escasos mensajes que les habrían llegado tendrían el común denominador del sexo como suciedad, pecado y vergonzoso. ¿Cómo podían enseñarnos entonces de algo que no habían aprendido, por ser inexistente o pecaminoso? De ese mismo modo, resulta difícil que nosotros enseñemos “aquello que no se nombraba, y por lo tanto no existe, o es feo” con nuestros menores.

Reconocida la dificultad en tan profunda tarea, pasemos al siguiente paso: Conocemos nuestras limitaciones, pero también nuestro deseo de educar lo mejor posible a las próximas generaciones, y aportarles con ello, conocimiento de sí mismos, respeto por la diversidad, confianza en lo que van a ir viviendo en cada etapa y en ellos mismos, y la seguridad de sentirnos a su lado.

En este punto es cuando muchas familias, monitores y maestras se bloquean y me dicen eso de “Silvia, para ti que eres sexóloga es muy fácil hacerlo y decirlo, pero nosotros no tenemos ni idea”

Y de esto va este post, de qué hacer cuando no sabemos pero tenemos lo más importante: la intención. Las soluciones pasan desde apuntarse, o incluso promover, unas charlas sobre Educación afectivo y sexual, acudir a asesorarse a la consulta de una sexóloga profesional y apoyarse en cuentos y libros, como lo hemos hecho a la hora de transmitir tradiciones y leyendas o enseñar ciertos hábitos… Por suerte, cada vez existen más libros que nos pueden ayudar en las diferentes etapas, tomando las edades establecidas como orientación; aunque no olvidéis que cada persona somos única y llevamos nuestro propio ritmo.

Os dejo una pequeña selección de mis preferidos:

  • INFANTIL:
  • ¿De dónde venimos?, de Peter Mayle
  • ¡Mamá puso un huevo!, de Babette Cole
  • ¿Y de dónde sale este bebé?, de Pilar Migallon Lopezosa
  • No le cuentes cuentos, de Carlos de la Cruz
  • Tu cuerpo es tu tesoro, de Margarita García Marqués (sobre prevención de abusos)
  • ¿De qué color son tus secretos?, de Margarita García Marqués
  • A PARTIR DE 5 AÑOS:
  • Cola de sirena, de Alba Barbé y Sara Carro (sobre Identidad. A partir de 4 años)
  • Mi princesito, de Cheryl Kilodavis (sobre Identidad. A partir de 4 años)
  • Cuéntamelo todo: 101 preguntas realizadas por niños y niñas, de Katharina von der Gothen
  • No es la cigüeña, de Robie H.Harris
  • ¡Mi cuerpo es mío!, de Dagmar Geisler (Sobre prevención de abusos)
  • Cosquillas, de Alba Barbé y Sara Carro (Sobre masturbación de niñas)
  • El tesoro de Lilith, un cuento sobre la sexualidad, el placer y el ciclo menstrual, de Carla Trepat Casanovas y Anna Salvia Ribera
  • A PARTIR DE 8, 9 AÑOS:
  • Mía se hace mayor, de Mònica Peitx
  • Preguntas y respuestas sobre sexualidad, de José Díaz Morfa
  • Sexo…¿Qué es eso?, de Robie H.Harrismichael
  • El diario rojo de Flanagan, de Andreu Martín
  • El diario rojo de Carlota, de Gemma Lienas
  • El libro rojo de las niñas, de Cristina Romero
  • La regla mola, si sabes cómo usarla, de Anna Salvia
  • Estela, grita muy fuerte, de Isabel Olid y Martina Vanda (sobre prevención de abusos)
  • A PARTIR DE 12 AÑOS:
  • La regla mola, si sabes cómo usarla, de Anna Salvia
  • En tu casa o en la mía, de Lorena Berdun
  • Sexperimentando, de Nayara malnero
  • Deseo, historias sobre sexualidad (TEBEO), de Ana Belén Carmona, María Victoria Ramírez y Carlos de la Cruz
Blog, Sin categoría

¿Por qué sexóloga?

¿Por qué sexóloga?

Con más de veinte años de experiencia como formadora podría decir que me basta con un par de minutos para detectar a aquellos participantes que están siguiendo mi exposición  pero no me escuchan y están a kilómetros del aula, aquellas que se sienten tan identificadas con lo que les estoy contando que no quieren perderse ni mis pausas para coger aire; y en las clases de Sexualidad  podría añadir a aquellos cuyos ojos huidizos  rebosan de vergüenza cada vez que pronuncio palabras como vagina, enamoramiento o testículos, y a aquellas que suspiran aliviadas al recibir información que les estaba vetada.

Aun así he de confesar que me pilló por sorpresa la pregunta firme y sincera de aquella niña de 5º de primaria de uno de los colegios donde imparto  un programa anual de Educación Sexual “Silvia, ¿por qué quisiste ser sexóloga?” La pregunta debió de parecer interesante al resto porque toda la clase calló y me miró fijamente.

Desde niña he sido una persona muy sensible  y a la que las diferencias entre las personas le han suscitado  curiosidad y una gran tolerancia. Me acaloraba el hecho de que hubiera personas que no aceptaran a otras porque su raza, identidad u orientación sexual fueran distintas a lo socialmente aceptable; es decir, a la mayoría. Sentía, sin vivirlo en propia carne pero como si fuera parte de mí, la tristeza y desesperación de aquellos a los que no les permitían ser ellos mismos;  aquellas que no se gustaban ni se entendían, porque la sociedad no lo hacía, y además les tildaba de enfermos o monstruos.

También me atraía enormemente la forma que cada persona tenemos de relacionarnos y de intimar con otras mujeres u hombres; y una vez más, defendía la libertad de cada una de hacer con su cuerpo, forma de vestir, relacionarse y querer… lo que le apeteciera, siempre que se respetara a sí y a los demás.  Lo contrario me parecía un impedimento a la esencia de esa persona, a su forma de ser, entenderse y relacionarse. ¿Quién somos los demás para prohibir a nadie ser lo que siente y quiere ser?

El día que descubrí que el sentido máximo de la Sexología es acompañar a la persona en sus dimensiones bio, psico y social: Conocerse, aceptarse y vivir satisfactoriamente su sexualidad, constaté que aquí es donde quería  estar y esto es a lo que me iba a dedicar por encima de todo lo demás: a  acompañaros en este camino de la mano, con naturalidad, con información, con emoción, con consciencia.

La niña afirmó y sonrió.